"No hay manera de escapar a la filosofía […] Quien rechaza la filosofía profesa también una filosofía pero sin ser consciente de ella." Karl Jaspers, filósofo y psiquiatra. "There is no escape from philosophy. Anyone who rejects philosophy is himself unconsciously practising a philosophy." [Karl Jaspers, Way to Wisdom 12 (New Haven: Yale University Press, 1951)]
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Introducción a la Lógica Formal I

Conexiones, conectivas, funtores o juntores (es todo lo mismo) y símbolos de proposiciones (A, B, p, q...)


La conjunción, la disyunción y la implicación son las tres formas en las que se vinculan unas proposiciones a otras. Realmente basta con la conjunción y la disyunción (“y”, “o”) porque la implicación se define con las otras dos.  La conjunción se simboliza también con ^ porque el "tejado" significa unión de lo que está a ambos lados; la disyunción se simboliza también con V porque simboliza una "bifurcación", una disyuntiva.  La flecha para la implicación ("Si A entonces B", "A implica B", "A---->B") se explica por sí sola...  La negación se simboliza de varios modos, una "L" invertida o una raya a la izquierda de la proposición o encima de ella.



Se usan las mayúsculas de la A a la C para hablar de las reglas y las leyes en general.  Y se suelen usar -aunque no siempre- las letras desde la p (de "preposición") hasta la s para las proposiciones.  Las letras mayúsculas de la A a la C son como los símbolos del Álgebra en Matemáticas mientras que las letras minúsculas, desde la p en adelante -se insiste: normalmente hasta la s-, serían como los números (Aritmética):


Se dice a x b es igual que b x a (Álgebra)
Y se usa 3 x 2 es igual a 2 x 3 (Aritmética)

Pues del mismo modo se dice la regla:

A implica B
A
____
En conclusión B

O en forma de ley: "A implica B" y "A" implican ambas "B"

Y se aplicaría así a un caso práctico:

Sea p que Ucrania ha sido abandonada por la Unión Europea
Sea q Ucrania queda a la merced de Rusia

Formalice usted lo siguiente y extraiga una conclusión: "Que Ucrania sea abandonada por la Unión Europea implica que queda a merced de Rusia", "Ucrania ha sido abandonada por la Unión Europea".

p ---> q
p
____
q

O en forma de aplicación de la ley:

[(p ----> q) ^ p] -------> q

 Aclaración importante: 

La disyunción (“V”) no significa "o bien". La disyunción de dos proposiciones cualesquiera es verdadera si tan sólo una de ellas lo es. Si yo digo “Te dormiste o perdiste el autobús esta mañana” basta con que una de ellas sea verdadera para que yo esté diciendo la verdad.

No ocurre lo mismo con la conjunción. Un alumno me puede acusar, con razón, de estar faltando a la verdad si le digo “Te dormiste y perdiste el autobús esta mañana”.  Basta con que una no sea verdadera para que el alumno tenga razón.

La implicación:

La relación de implicación resulta muy difícil de entender al principio. Muchas personas creen que decir que A implica B (“Si A entonces B”) significa que A es causa de B. Esto no es así. Si yo digo que “Si ves rayos entonces escucharás truenos” no estoy diciendo que los rayos sean causa de los truenos. Si se le dice a un alumno que en mi asignatura “Si has aprobado entonces has estudiado” no estoy queriendo decir que aprobar sea la causa de estudiar pero tampoco al revés. La implicación sólo es falsa si el antecedente (A) es verdadero y el consecuente (B) es falso. Este es el único caso que EN BUENA LÓGICA no puede ser verdadero. Pongamos que yo me empeño por ejemplo en decir que es verdad que una teoría científica verdadera implica que los objetos caen de abajo a arriba en la Tierra.... No tiene sentido. Sin embargo a los alumnos les cuesta ver que es perfectamente posible que algo falso implique algo verdadero y que esa implicación sea verdadera a la vez. La teoría física de Aristóteles era enteramente falsa pero implicaba verdades tales como que los objetos proyectados en ángulo de noventa grados con la tierra caían sobre el mismo punto desde el que se lanzaban. La teoría es falsa, lo que implica la teoría es verdadero y que esa teoría implica eso es, a su vez, verdadero. Finalmente, también les cuesta entender que lo falso implica lo falso. Y, sin embargo, es muy sencillo de entender: “Si yo hubiera muerto ayer esta mañana mis hijos serían huérfanos de padre”. Ambas son falsas. La implicación entre ambas es verdadera.

Una vez explicada la semántica de la “y”, la “o” y su derivada “implica”, se pueden comprender mejor las reglas lógicas de cada una de estas conectivas.


Reglas lógicas (expresables en forma de leyes)

Hay dos clases de reglas.

a) Las reglas que se usan para poder cambiar la forma en que están organizadas las proposiciones como, por ejemplo, la regla de equivalencia que puede expresarse como ley distributiva de la “y” respecto de la “o”; es la que dice que “ A y (B o C)” es lo mismo que “(A y B) o (B y C)". Ejemplo: Decir “Te has dormido y o has perdido el autobús o tu padre encontró atasco” es lo mismo que decir “Te has dormido y has perdido el autobús o te has dormido y tu padre encontró atasco”. b) Las reglas de transformación -que se pueden expresar como leyes usando “implica”.

Veamos un ejemplo con las reglas de la “y”.

Con la “y” ambas proposiciones han de ser verdaderas. De modo que puedo extraer una de ellas sin problema.  La regla que permite tal cosa se llama "simplificación" o "eliminación dela conjunción";  tengo “A y B” así que puede aislarse “A” o  “B”.

La regla sería así (probemos a aislar "B")

A y B                        Hoy es jueves y hace calor
_____                        ___________________
    B                             Ciertamente, hace calor

Si quiero expresar esta regla como una ley puedo decir:

 “(A y B) implica B” (Que hoy sea jueves y haga calor implica que hace calor).  Expresado así parece una obviedad, una "tontería" que no dice nada nuevo, pero hay que observar que esta regla de razonamiento se usa constantemente.  De aquello que decimos o que oímos decir a los demás extraemos y aislamos proposiciones "interesantes" (o "interesadas", como hacen los políticos).  Esta operación la hacen también los computadores en virtud de su programas.

Los computadores diseñados para interceptar misiles enemigos en la Segunda Guerra Mundial operaban -y lo siguen haciendo hoy, incluyendo los dispositivos móviles- con unos lenguajes basados los dos operadores de Boole ("AND", "OR"), es decir, en la conjunción y la disyunción que pueden traducirse usando tablas de verdad (utilizadas por Wittgenstein anteriormente) a código binario de unos y ceros.  






Ludwig Wittgenstein. La filosofía del lenguaje


El Catoblepas, número 118, diciembre 2011


Ludwig Wittgenstein

José Ramón San Miguel Hevia

La filosofía del lenguaje

Ludwig Wittgenstein 1889-1951
1. La biografía de Ludwig Wittgenstein haría las delicias del imaginativo Diógenes Laercio. Nace en Viena en 1889 cuando la ciudad es la capital cultural del mundo y es uno de los ocho hijos del gran industrial. Karl –el Krup de la entonces potente y riquísima Austria– es un individuo de una personalidad contradictoria, que va a influir en el destino de su familia. Por una parte es el mecenas de las artes, sobre todo de la música, y en su palacio es frecuente la visita de Brahms, Mahler, Strauss y Gustav Klimt. Pero al mismo tiempo es despótico con sus cinco hijos y tres hijas, a los que quiere imponer su género de vida, oponiéndose a cualquier aventura en el mundo del arte o de las ciencias.
Esta actitud es causa de una serie de conflictos psicológicos con resultados trágicos. Cuando Ludwig tiene catorce años, su hermano mayor Hans, un supermatemático, se suicida en la Habana, y al año siguiente (1903) Rudolf, estudiante de química en Berlín, apasionado por la música, está atormentado por su homosexualidad y organiza su
espectacular despedida, tomando cianuro en un vaso de leche, mientras un pianista del bar toca una triste melodía. De las tres hermanas, Herminia, Helen y Grette, ésta última, una sex simbol de Viena, acude a la consulta psicoanalítica de Sigmund Freud.
En el año 1909, Wittgenstein visita Inglaterra para estudiar ingeniería en Manchester, pero pronto se interesa por los cursos de lógica que Russell dicta en Cambridge, y allí se traslada en 1912, matriculándose en el Trinity College. Gran admirador de los Principia, que su maestro había escrito en colaboración con Whitehead, su talento matemático es sobresaliente, pero su formación filosófica es todavía limitada. En Diciembre de 1912 ha de regresar a Viena, y después de asistir a la muerte de su padre, renuncia a su parte de la herencia y lleva una vida de ermitaño en un pueblo de Noruega.
Cuando estalla la Gran Guerra, los tres hermanos supervivientes, se enrolan en el ejército austriaco con consecuencias, por lo menos llamativas. Paul, que se había revelado como un espléndido pianista llamando la atención de la sociedad culta de Viena, pierde en combate el brazo derecho, y a su vuelta Ravel, Prokofiev y Hindemith componen «conciertos para la mano izquierda», y el pianista manco se convierte en una celebridad internacional. El otro hermano, Konrad, siguiendo la costumbre de familia, se suicida, antes de caer en manos de los italianos.
2. El destino de Ludwig Wittgenstein ha sido, en vista de esta colectiva sacrificada de la familia, mucho más rocambolesco. Como al parecer los procedimientos de suicidio hasta entonces al uso le parecen de mal gusto, se hace soldado en busca de una muerte segura y heroica. Las consecuencias de esta resolución son inesperadas. En el trascurso de la guerra –en el frente oriental–demuestra tal temeridad que asciende a oficial por méritos de guerra y alcanza cuatro medallones en premio de su valor, sin que ello afecte a su vida o a su integridad física.
En medio de aquella infernal guerra de trincheras tiene tiempo para escribir el borrador de su primera gran obra, el Tractatus logico philosophicus. Al firmarse la paz con Rusia se traslada al Tirol meridional donde está cautivo de los italianos en el campo de prisioneros de Monte Cassino. Desde allí logra enviar una copia de su escrito a Cambridge, gracias a los oficios de su amigo, Keynes. El manuscrito se publica por fin en alemán en 1921, y un año después en edición bilingüe (alemán-inglés) con un prólogo de Bertrand Russell.
Al terminar la guerra y su cautiverio, Wittgenstein renuncia a su parte en la herencia familiar, trabaja durante cinco años de maestro en varias escuelas de Austria y en 1926 es jardinero en un convento. Por estos años vuelve a hablar de temas filosóficos con Schlick, Carnap y Waisman, pero no se integra en el Círculo de Viena, porque además de ser demasiado independiente, empieza a interesarse por un nuevo enfoque del pensamiento. En 1929 vuelve a Cambridge, presenta elTractatus como disertación de doctorado y reemprende su actividad filosófica, que alterna con las ocupaciones más variadas.
Cuando en 1939 sucede a Moore en la cátedra de Cambridge revisa sus antiguos pensamientos de una forma tan profunda que los historiadores hablan de un «segundo Wittgenstein». Su filosofía sigue ocupándose del lenguaje, pero ya no se trata de un análisis de la única ciencia empírica y de su lógica, sino de los innumerables usos del habla corriente. En 1951 muere y pocos años después se publican las Investigaciones, y los Cuadernos, base de la escuela analítica.
3. Los dos períodos de su vida, en medio de sus diferencias, tienen una serie de cosas en común. En primer lugar sus dos filosofías tratan del lenguaje, prolongando primero y corrigiendo después los descubrimientos de Russell y Whitehead y entrando decididamente en el tema de que ocupará todo el siglo XX. De acuerdo con esta tendencia central, el habla y la comunicación humana alcanza tal preeminencia que será el principio de una ontología universal.
En segundo lugar Wittgenstein se interesa en los dos momentos de su vida por un carácter de la palabra, previo a su función de verdad o falsedad, concretamente por los límites de su significado. Las conclusiones del sus dos investigaciones sucesivas, tienen una analogía en medio de su contradicción. La proposición que cierra su primera obra –De lo que no se puede hablar, lo mejor es callar– se asimila fácilmente a una de las que más han llamado la atención en las Investigaciones lógicas: «Función de la filosofía es descubrir los diversos sinsentidos y los golpes que el entendimiento recibe al chocar con los límites del lenguaje.»
Por lo demás, Wittgenstein, que sólo publica en vida el tratado, mientras que los escritos de su última época tienen carácter póstumo, es el filósofo cuyo pensamiento da origen a dos de las tres grandes escuelas de la primera mitad del siglo XX. El Tractatus es el catecismo del Círculo de Viena, que considera una negación de sentido todos los enunciados de la metafísica, y limita el conocimiento al contenido empírico. La filosofía queda reducida a una lógica del lenguaje indicativo de la ciencia.
Los lenguajes se multiplican en sus apuntes de los tres cuadernos o de lasPhilosophische Untersuchungen. Al lado del lenguaje puramente descriptivo están las órdenes, los enunciados morales, las hipótesis, pero también la invención de historias, los relatos, la interrogación, la adivinanza o la oración. También se multiplica la crítica de los sinsentidos, lo mismo cuando se abandona el habla común, y se sustituye por falsos problemas, que cuando se emplea el uso impropio de un nombre o una proposición.
4. El Tractatus. En los descansos de la guerra de trincheras del frente de Rusia Wittgenstein traza las líneas de su primera filosofía, prolongando las ideas de su maestro de Cambridge y la construcción de los principios de la lógica, y preparando los desarrollos de los pensadores de Viena. Según esta doble influencia, la filosofía –una actividad, no una doctrina– se reduce a un análisis del lenguaje científico, y su resultado es una nueva variante del positivismo, que recibe el adjetivo de lógico.
El Tratado divide el universo del lenguaje en dos grandes continentes, por una parte el que se dedica a indicar y describir. El complemento de la indicación son los hechos empíricos a los que apunta y de donde recibe su significado. Los seis primeros capítulos del tratado analizan esa lengua y el mundo que le corresponde, el único de que se puede hablar con sentido. La única proposición del capítulo séptimo y último, elimina de golpe todas las otras palabras que no quieren decir nada.
Por medio de una serie de pasos el filósofo integra los hechos empíricos en un lenguaje abstracto, que organiza lógicamente el mundo a cambio de tomar de él su sentido. En primer lugar cualquier experiencia real no puede traspasar los límites de lo posible. Pero únicamente es posible lo que se puede pensar, al no admitir contradicción, y cuanto es pensable se puede también decir, y decir con claridad. La consecuencia final de este largo conjunto de razonamientos es que el mundo no se escapa a nuestro lenguaje, y por consiguiente tiene en él su límite.
Queda así trazado el esquema general del positivismo lógico y sólo falta desarrollarlo desde sus proposiciones elementales hasta sus enunciados más complejos, permaneciendo fieles a su doble vocación, tanto su contenido empírico como su estructura lógica. En esta nueva filosofía trascendental, Wittgenstein revisa los descubrimientos de la lógica formal y particularmente su axiomatización en los Principia.
5. El mundo, la totalidad de lo que acaece, es un conjunto de hechos, más concretamente hechos atómicos –la luminosa traducción inglesa, Atomic Fact,aprobada por el propio Wittgenstein, aclara el original alemán Sachverhalt–. La proposición 4.2211 resalta enérgicamente esta estructura: «Aunque el mundo fuese infinitamente complejo, de modo que cada hecho constase de infinidad de hechos atómicos, y cada hecho atómico de infinidad de objetos, incluso en este supuesto es preciso que haya hechos y objetos atómicos.»
Otras tres propiedades de los hechos atómicos aparecen en las primeras páginas del Tractatus. Son por una parte independientes, pues «tanto si uno cualquiera acaece o no acaece, todo lo demás sigue igual» (1.21), pero además agotan y completan el mundo, «que está determinado por los hechos y por ser todos los hechos» (1.11). En fin son necesariamente consistentes, así que «la totalidad de los hecho atómicos existentes determina también qué hechos atómicos no existen» (2. 05).
Todas estas propiedades ha de tener el pensamiento, que es la figura de los hechos, al representar un estado de cosas en el espacio lógico. Eso que representa la figura, lo que, independientemente de su verdad o falsedad, es pensable y posible, constituye su sentido. Pero en un segundo momento, dentro de esa posibilidad y de ese sentido «la totalidad de los pensamientos verdaderos es el mundo» (3.01). En cambio «no podemos pensar nada contradictorio, porque en ese caso tendríamos que pensar de forma ilógica» (3.031).
Wittgenstein da un nuevo paso y a partir de (3.1) entra en el tema del lenguaje cuando dice que «en la proposición el pensamiento se expresa sensiblemente», y por consiguiente «sólo la proposición tiene sentido». A partir de aquí podemos simbolizar la forma general de una serie de proposiciones, así que el símbolo «representa una variable, cuyos valores son las proposiciones que contiene» (3.313). El Tractatus pasa del mundo al pensamiento y la posibilidad, de aquí a la proposición y por fin a la lógica simbólica.
6. La continuación del Tratado establece una correlación entre la experiencia y las proposiciones del lenguaje, realizando la difícil hazaña de conjugar el contenido empírico con la forma lógica. «Una proposición representa la existencia y no existencia de los hechos atómicos» (4.1) . Concretamente, «la proposición elemental es la más simple y afirma la existencia de un hecho atómico» (4.2) . En cuanto a las proposiciones derivadas son resultados de operaciones, que se basan en proposiciones elementales.
En virtud de esta correspondencia las proposiciones han de tener forzosamente en su lógica las mismas propiedades de los hechos de que es figura. En primer lugar la completitud, pues «la enumeración de todas las proposiciones elementales verdaderas describe el mundo completamente» (4.26). Además la independencia «pues de una proposición elemental no se puede derivar ninguna otra» (5.134). Finalmente la consistencia, ya que precisamente sus proposiciones tautológicas son las propiedades formales del lenguaje del mundo.
Los últimos apartado del Tractatus se ocupan de establecer los límites del lenguaje. La realidad empírica está limitada por la totalidad de los objetos, y el mismo límite aparece en el conjunto de las proposiciones elementales. En este sentido «La lógica llena el mundo y por consiguiente los límites del mundo son también sus límites» (5.61). De lo que trasciende ese límite nada se puede pensar ni decir de forma afirmativa o negativa.
Tampoco es posible observar un sujeto, que viene a ser el otro límite del mundo y esta breve proposición (5.632) es uno de los adelantos de la teoría antisubjetivista y anticonsciencialista de las filosofías del siglo XX. En resumen no hay lugar para un pensamiento y un lenguaje de lo místico, tomado en el sentido original griego de lo oculto por naturaleza. «Lo que no podemos pensar, no podemos pensarlo, y tampoco podemos decir eso que no podemos pensar» (5.61). «Y de lo que nada se puede decir, lo mejor es callar» (7).
7. El segundo Wittgenstein. Desde su segunda estancia en Cambridge, ya por los años treinta, el filósofo se aparta de la filosofía del Tractatus y hasta la critica violentamente, hasta el punto de que se habla con razón de un primero y segundo Wittgenstein, pero sin embargo hay una evidente continuidad en su pensamiento y en los temas que aborda a lo largo de su vida. Conviene determinar antes de nada esa constante, porque sólo dentro de ella aparecen las contradicciones de los escritos redactados en esos dos momentos.
En primer lugar su preocupación central sigue siendo el lenguaje, lo mismo cuando en el Tratado se interesa por un único discurso extraordinario, capaz de organizar formalmente los contenidos de los saberes empíricos, que cuando se decanta por el estudio de las innumerables hablas naturales, llamadas también ordinarias, porque entre ellas no hay ninguna jerarquía. Esos dos desarrollos dan origen a otras tantas escuelas, lo mismo el positivismo lógico, que potencia el lenguaje indicativo de las ciencias, que la filosofía analiza.
En segundo lugar Wittgenstein se ocupa de una propiedad de las proposiciones que ha pasado inadvertida por su carácter primerísimo. Para que un enunciado presente los valores de verdad o de falsedad, antes de nada es preciso que tenga sentido. Y eso lo mismo si se trata del único lenguaje de las ciencias positivas, que de la forma de hablar de los hombres comunes, que entienden con toda precisión lo que quieren decir, a pesar de la condición anárquica y plural de su comunicación.
En fin, su pensamiento no trata de resolver en forma afirmativa o negativa los problemas endémicos de la filosofía, sino de eliminarlos por medio de una especie de terapia intelectual. Se trata de falsos problemas, que tienen su origen en un mal uso del lenguaje, y la labor del filósofo consiste en disolver esos pseudo problemas, igual que el psicoanalista disuelve los conflictos artificiales del inconsciente. En elTractatus y las Investigaciones, de una forma más o menos amplia determinan al mismo tiempo los límites de nuestro mundo y los lenguajes que le da sentido.
8. La clave de esta visión contradictoria del lenguaje es la diversa teoría del significado. En su primera época del Tractatus, Wittgenstein defiende que el sentido de una proposición es el hecho atómico a que esa proposición se refiere. Según esta teoría referencial del significado el único lenguaje posible es el de las ciencias, que describen el mundo empírico que les corresponde, mientras que los pseudo objetos de la metafísica y la mística y sus pseudo problemas no se pueden pensar ni decir. Esto explica la feliz acogida que la obra ha tenido en los componentes del Círculo de Viena.
En la vida corriente el lenguaje –los infinitos lenguajes– no están organizados artificialmente, y tienen una disposición caótica, como el paisaje de una ciudad construida a lo largo de muchos siglos, por personas y con criterios diversos. Pero, a pesar de ello, todos los hablantes entienden el sentido de las palabras, que depende de su uso en un contexto lingüístico y social. Por otra parte desaparecen los hechos atómicos, pues un objeto es más o menos simple o complejo según quien se refiera a él: vemos la silla como un mueble, pero el carpintero la considera un compuesto de todas las partes con que la ha construido.
Las Investigaciones, escritas también de forma desordenada y sin la estructura numerada y orgánica del Tractatus, se ocupan de resaltar esta diversidad del lenguaje natural. «Simplemente las exclamaciones tienen funciones totalmente diversas: ¡Agua!, ¡Fuera!, ¡Ay!, ¡Auxilio!, ¡Bien!, ¡No! ¿Sigues inclinado a llamar a estas palabras una denominación?» (I.F.27). A pesar de que en este caso y en otros muchos el habla ostensiva y su referencia a un objeto desaparece, se mantiene plenamente el sentido de los nombres y de las proposiciones.
Muchas de estas exclamaciones –¡Ay!, ¡Auxilio!– comunican las sensaciones a través de su empleo. «Las palabras se conectan con la expresión primitivas y la ponen en su lugar. Un niño se ha lastimado y grita... y los demás le enseñan a nombrar el dolor. ¿Dices entonces, que la palabra ‘dolor’ significa realmente el ‘gritar’? Todo lo contrario, la expresión verbal del dolor se pone en lugar del grito, pero no lo describe» (I.F.244). En este ejemplo y en otros infinitos se destruye el sentido referencial y toda la construcción lingüística del Tractatus.
9. Al defender el uso de la lengua de todos los días, Wittgenstein ataca furiosamente a quienes pretenden sustituirlo por idiomas artificiales: «Somos, cuando filosofamos como hombres salvajes primitivos, que oyen la expresión de otros hombres civilizados, los malinterpretan y a continuación extraen las más extravagantes conclusiones de su interpretación.» (I.F.194). Este llamado al habla cotidiana, coincide en el tiempo con los primeros análisis existenciales de los estados de consciencia comunes y del mundo que les corresponde.
No existe, según esto, un lenguaje ideal –la palabra es peligrosa, ya que puede entenderse como privilegiado o extraordinario–. Sí existen en cambio una serie de usos o juegos de las palabras, uno de ellos el ostensivo del mismo rango que todos los demás a condición de reconducirlo al habla común. Siguen existiendo sinsentidos y falsos problemas, pero en vez de criticarlos y eliminarlos desde la lógica de las ciencias empíricas naturales, se los hace desaparecer –se los disuelve– gracias a un uso correcto de la lengua natural.
La primera muestra de estos sinsentidos tiene su origen en el abandono de este habla cotidiana, al utilizar una serie de palabras. «Cuando los filósofos hablan de ‘conocimiento’, ‘objeto’, ‘yo’, ‘proposición’, ‘nombre’, y tratan de captar la esencia de cada cosa, se les puede preguntar: ‘¿Es que se usa esta palabra de este modo en el idioma de su tierra nativa?’. Porque todo lo que nosotros hacemos es reconducir la palabra desde este empleo metafísico a su empleo diario.»
Así que la primera función de esta particular filosofía es dejar en el lenguaje las cosas como están aunque el pensamiento parezca de una trivialidad desesperante. Wittgenstein trata por ejemplo el problema del tiempo, tomando una sentencia de Agustín: «Si no me preguntan sé bien lo que es; pero si me preguntan no puedo responder.» Efectivamente, todos nos entendemos cuando nos piden la hora, pero ya no sabemos de que se habla cuando abandonamos este uso normal en busca de una falsa cuestión, porque «toda oración de nuestro lenguaje está en orden tal como está. Es decir no tiene sentido aspirar a un ideal» (I.F.98). Análogamente «el pensamiento no nos parece extraño cuando pensamos… sólo cuando hablamos de él retrospectivamente» (I.F.428).
10. En el cuaderno azul Wittgenstein descubre el origen de los falsos problemas, lo que en otra parte llama la esencia de las cosas. Al filosofar suponemos que el empleo de las palabras ha de ser exacto de acuerdo con el modelo de las matemáticas, y anteponemos a cada término el artículo determinado. Así hablamos y escribimos de el espacio, el tiempo, el pensamiento, el bien, la realidad, despreciando las humildes comunicaciones naturales, donde las palabras tienen un uso indeterminado. «El que una palabra no tenga un significado estricto no es un defecto, del mismo modo que no lo es, el supuesto de que la luz de mi lámpara no es auténtica, porque no tiene una delimitación clara» (Cuaderno azul 52).
La misma determinación afecta a la expresión «yo» cuando la empleamos separada de su empleo en el idioma cotidiano, y este uso se puede ampliar a «la consciencia». De esta forma la proposición «yo pienso» no tiene sentido, cuando no especifica un objeto concreto de ese pensamiento. Análogamente «Decir que el expectante percibe su expectativa, en vez de decir que está esperando, es una distorsión estúpida de la expresión» (I.F.453). En fin, el problema del solipsismo desaparece cuando hablamos, pues en la medida en que las palabras están conectadas con las manifestaciones naturales de sensaciones, el lenguaje nunca es privado.
El análisis de Wittgenstein se extiende también a los enunciados de la comunicación común, porque «si se nos pregunta lo que es una proposición –lo mismo si respondemos a los demás o a nosotros mismos– daremos ejemplos… así que explicar una proposición es tanto como decir que las cosas son así o asá» (I.F.135). En cambio la definición clásica –lo que puede ser verdadero o falso– «es una mala figura: es como si se dijera que el rey es la pieza a la que se puede dar jaque. Porque eso sólo quiere decir que en nuestro juego de ajedrez sólo se da jaque al rey» (I.F.136).
La misma expresión generalísima del lenguaje «es» se emplea con dos significados distintos (como cópula y como signo de igualdad), y por consiguiente sólo funciona como uso, y no como un sentido unívoco y esencial. «También en el juego hay reglas esenciales e inesenciales… ¿Es que no es inesencial en el juego de las damas que una reina consista en dos piezas, colocadas una encima de la otra?» (I.F.562). En fin, «el lenguaje es un instrumento, y no puede tener mucha importancia qué conceptos empleemos, pues pasa como
en la física, que tanto se puede hacer con pies o pulgadas como con metros y centímetros» (I.F.569).
11. La segunda colección de sinsentidos tiene su origen en la confusión de los numerosos lenguajes cotidianos, cuando trasladamos el empleo de una palabra o una proposición fuera del habla que es su lugar natural. Además de la descripción, Wittgenstein presenta un abundante listado de juegos lingüísticos: «Dar órdenes, relatar un suceso, hacer conjeturas, formar y comprobar una hipótesis, inventar una historia, cantar a coro, adivinar acertijos, resolver problemas, traducir de un idioma a otro, suplicar, agradecer, maldecir, saludar, rezar» (I.F.23). Pero «cuando se alteran estos juegos, se alteran los conceptos, y con los conceptos el significado de las palabras» (Sobre la certeza, 65 ).
El filósofo presenta una serie de enunciados, que tienen la misma forma gramatical, pero cambian de sentido por el diferente lenguaje en que están integrados. Eso sucede por ejemplo cuando alguien da la orden de hacer ciertos movimientos, o cuando anuncia la aparición de procesos regulares. «Entre estos dos juegos de lenguaje hay una evidente semejanza, pero también una diferencia básica. En ambos casos las palabras expresadas son predicciones», pero su sentido es distinto cuando son efecto de su empleo en forma de orden o en forma de descripción.
Una confusión semejante se origina por el doble sentido –doble empleo– de la expresión «por qué» y las proposiciones que gobierna. En el lenguaje de la física y las ciencias naturales la palabra tiene el sentido de una causa que desencadena el proceso de modo regular y determinado. Al hablar de la conducta de un hombre o una colectividad, una expresión gramaticalmente idéntica significa el motivo de una acción que depende y tiene su inicio en la voluntad del agente.
La paradoja de San Agustín, según la cual no podemos medir el tiempo pasado, que ya no existe, ni el futuro, que todavía no ha llegado, ni siquiera el presente, en la medida en que es un instante indivisible, desaparece –se disuelve– tan pronto como se analiza el doble empleo de la palabra «medida» y de la correspondiente medición. Cuando se trata de una realidad física espacial se puede aplicar una cinta métrica graduada, que controla su extensión simultanea. En el caso de un decurso temporal la medición se efectúa por medio del recuerdo y la expectación y su uso es radicalmente diferente, a pesar de la trampa de expresiones sinónimas.
12. La confusión del lenguaje ostensivo de las ciencias con el de la ética es otro de los ejemplos de esta nueva serie de sinsentidos. Hay dos expresiones que tienen la misma figura gramatical: «este cuerpo es incoloro» y «esta acción es injusta», pero una vez más cambia violentamente el uso de las palabras. La primera proposición es la afirmación de una propiedad, mientras que en la última se utiliza como un juicio de valor. Una gran cantidad de cuestiones morales tienen su origen en esta previa pérdida del sentido, y deben disolverse antes de su formulación en forma de enunciados verdaderos o falsos.
Que el significado sea el empleo, elimina el problema del lenguaje privado. «No hay que confundir el sentido con el estado de ánimo con que usamos una expresión, sino con su aplicación» (Sobre la certeza, 601). «Cuando digo que no sé lo que otro ve la dificultad consiste en que pienso en una sensación en su cabeza… pero esto no tiene importancia, pues no se trata de que los dos veamos objetos en nuestra cabeza, sino ante ella… es verdad que no sé lo que ve, pero sé lo que está mirando, lo mismo que yo me empleo en mirar» (Cuaderno azul, 98 )
En el listado de juegos de lenguaje, Wittgenstein no incluye la interrogación, probablemente por el papel decisivo que desempeña en su filosofía analítica. Cuando una pregunta tiene sentido, es el preludio de una contestación en cualquiera de las variantes del habla cotidiana. Pero al adelantar una cuestión filosófica en busca de la doble alternativa de verdad o falsedad, la tarea del analista consiste en descubrir la trampa del lenguaje que ha hecho posible ese pseudo-problema y en eliminar la interrogación como falta de sentido.
Cuando confundimos las reglas que gobiernan el lenguaje religioso con las proposiciones ostensivas de la ciencia se produce un nuevo contrasentido. Wittgenstein se refiere brevemente a esta nueva variante del habla, pero si nos paramos en su análisis descubrimos su descomunal importancia en la historia de la teología y de la filosofía .
Sólo Anselmo de Canterbury en su Proslogion –invocación– mantiene esa regla, «id quo maius», que sus críticos, desde Gaunilo a Kant y a Hans Küng pasando por Tomás de Aquino, cambian por el juicio sobre la existencia de Dios, aplicando los procedimientos de la física.
13. A través de todos estos ejemplos, se puede ver cuál es la actitud desenfadada y poco respetuosa que el segundo Wittgenstein adopta ante las cuestiones al parecer más serias. El filósofo debe tratar a los profesores de metafísica y a sus eventuales alumnos como una especie de enfermos mentales, víctimas de las trampas con que el lenguaje castiga al pensamiento. «El resultado de la filosofía es descubrimiento de algún sencillo sinsentido y de los abollones que el entendimiento se ha hecho al chocar con los límites del lenguaje. De todas formas, gracias a estos abollones reconocemos el valor de ese descubrimiento» (I.F.119) .
El objetivo de la filosofía parece muy simple a primera vista. Se trata de «curar esas abolladuras, eliminar los malentendidos y enseñar la salida a falsos problemas. El sentido original del lenguaje cotidiano es el auténtico, pero está desfigurado y deformado. Volvemos a esta primera comprensión suprimiendo sinsentidos y deshaciendo nudos. Algo que podemos hacer fácilmente, pero sólo cuando caemos en la cuenta de que ya tenemos aquí la comprensión genuina.» (Gramática, 72 ). Por eso «la función de la filosofía es mostrar que no hay ningún problema allí donde no hay ninguno» (Gramática, 947).
Podría parecer de todo esto que la filosofía tal como la entiende Wittgenstein ha de ser sumamente sencilla y hasta trivial. En realidad es complicada, pues para deshacer los embrollos que hemos fabricado en nuestro pensamiento está obligada a realizar movimientos tan complejos como esos mismos embrollos. «En resolución, aunque el resultado de la filosofía es sencillo, el método por el que se alcanza ese resultado no puede serlo. No es complicada por su contenido, sino por nuestro entendimiento enmarañado» (I.F.2).
Por lo demás esta técnica no sigue un único procedimiento, sino una serie de métodos, cada uno de ellos ajustado al carácter de los distintos problemas y en esto se vuelve a parecer a la medicina con sus aplicaciones plurales. Ahora bien, todas las enfermedades del pensamiento tienen afortunadamente tratamiento, pues donde quiera que haya una cuestión sin solución, será posible descubrir y desenrollar el sinsentido que la ha producido.
14. Se ha comparado esta técnica de curación de la perplejidad y la preocupación producida por los falsos problemas filosóficos con el psicoanálisis dedicado a desenmascarar complejos inconscientes y de hecho se la ha calificado como un «psicoanálisis intelectualista». De esta forma cambia radicalmente la naturaleza de la filosofía, que ya no es una ciencia fundante y primera. Cambia también la función del profesor, que se convierte de enseñante en una especie de psiquiatra de sus agobiados alumnos y compañero indulgente de sus irritados colegas.
Igual que los psicoanalistas clásicos afirman la existencia de complejos base que es preciso curar para que desaparezcan los conflictos derivados, también Wittgenstein sostiene que cuando se hayan desanudado los problemas centrales, las demás dificultades filosóficas desaparecerán de golpe. No es que se resuelvan: simplemente pierden toda importancia y quedan anulados cuando caemos en la cuenta de su falta de sentido.
En resolución la filosofía no toca al lenguaje cotidiano y lo deja todo como está, retrayendo las palabras a sus múltiples empleos cotidianos. Por el contrario necesariamente entra en crisis si ese lenguaje de todos los días está de vacaciones. Por todo ello su objetivo es eliminar la pretensión de definir las esencias y hacer trabajar los nombres y las proposiciones de acuerdo con las numerosas reglas de uso, respetando su independencia.

Marco histórico, sociocultural y filosófico de Wittgenstein

El siglo XX es un siglo altamente conflictivo. En el mundo se inicia con el choque de los imperios en la I Guerra Mundial destruyéndose definitivamente la ingenua idea de progreso decimonónica: la técnica, que habría de liberar, ha sido utilizada para destruir. Su final, en 1918, no será sino una pausa para la siguiente guerra. Igualmente, surge por estos años en Italia y Alemania el fascismo, y en la Unión Soviética el comunismo. Así, el periodo de entreguerras se vive como un momento dramático en el cual todo parece abocado a otra guerra mundial y que tiene como un momento anterior fundamental a esta la guerra civil española. En 1939, al finalizar la contienda en España, comenzará la Segunda Guerra Mundial. Tras la victoria aliada en 1945 sobre las potencias fascistas de Alemania, Italia y Japón, se dividirá el mundo en dos bloques comandados por EEUU, el bloque capitalista, y la URSS, el bloque comunista, provocando la llamada guerra fría.

La primera mitad del siglo XX supone un momento de cambio. Rotas las ilusiones en el eterno progreso, el mundo entra en una crisis que concluirá con la II Guerra Mundial. Por un lado, surge la sociedad de masas (que Ortega analizará en su obra La rebelión de las masas), caracterizada por la fabricación en serie, la mejora de las condiciones económicas y laborales, y el consumo. En arte surgirá una nueva forma expresiva, el cine, y las vanguardias, tanto en artes plásticas (dadaístas, surrealistas,...), como en literatura (Kafka, Joyce,...) romperán definitivamente con el Realismo burgués. En el mundo científico también habrá un cambio de paradigma con la Relatividad (Einstein) y la Mecánica Cuántica. España vivirá una época de renacimiento cultural con hombres destacables en la ciencia (Ramón y Cajal), y en las artes (la Generación del 98 y del 27). Surge una generación de intelectuales preocupados por las cuestiones sociales.

Tampoco la filosofía será ajena a este cambio. En la primera mitad del siglo XX dominan las filosofías vitalistas (Bergson y Ortega en España), el Psicoanálisis (Freud), la Fenomenología (Husserl y Heidegger), el Existencialismo (Sartre), el Marxismo (con distintas interpretaciones) y la Filosofía analítica del Lenguaje, la Lógico-Matemática y de las Ciencias (Russell en Gran Bretaña y el Círculo de Viena en el Continente).  El Círculo de Viena es una corriente de pensadores positivistas y analíticos, de la cual surgen Escuelas de Lógica y Matemática (Rudolf Carnap), de Filosofía de la Ciencia (Karl Popper), de Economía (Von Mises) y de Derecho (Hans Kelsen)


1 El contexto de Wittgenstein y Ortega son el mismo añadiendo al de Ortega una parte de historia de España y la referencia que sus obras hacen a ciertos fenómenos como las masas y las vanguardias artísticas y añadiendo en el de Wittgenstein la referencia a Bertrand Russell y el Círculo de Viena y no extendiéndose demasiado en la influencia de Marx y Nietzsche.

Para comprender unos fragmentos del "Tractatus" de Wittgenstein

Las proposiciones del Tractatus que hay que leer podrían dividirse temáticamente así:

- Planteamiento general de la cuestión ético-mística (6.4 y 6.41)
- Ética (de la 6.42 hasta la 6.43 incluida)
- Mística (6.43, muerte e inmortalidad 6.431 y siguientes, Dios y mundo 6.432 y siguientes)
- Lo que podíamos llamar teoría del conocimiento sobre lo místico (6.5-6.53)
- Las tres últimas proposiciones son revisiones conclusivas sobre la filosofía (6.53), la propia labor realizada en el libro, con la célebre metáfora de la escalera (6.54) y, en general, sobre todo el sistema del saber (7)

En las proposiciones 6.4 y 6.5 Wittgenstein evoca las cuestiones eternas del hombre sobre el sentido último de la vida y del mundo, cuestiones éticas (estéticas) y religiosas que realmente le preocupaban y cuya señalización y demarcación constituiría el auténtico sentido profundo de esta obra. Pero estas cuestiones no admiten tratamiento lógico (lingüístico, científico) alguno, como muestra todo el análisis realizado hasta ahora. Lo importante para Wittgenstein es esto: delimitar por fuera el campo científico de conocimiento y lenguaje y señalar con ello el inicio del ámbito de la intución, del sentimiento y del silencio: el ámbito del forzado respeto ante “lo más alto”. No son los problemas científicos lo que hay que solucionar (6.4312), los que realmente importan. No es el cómo del mundo lo importante, que es un mero constructo lógico-científico, sino el qué del mundo, el simple hecho de que exista, de que sea (6.44). Aunque se resuelvan todas las cuestiones científicas los problemas vitales están irresueltos y, sin embargo, no hay pregunta posible sobre ellos en la medida en que no hay respuesta porque Dios no se manifiesta en el mundo por lo que el sentido y el valor del mundo mismo descansa fuera de este.
Aparece así la distinción esencial entre decir y mostrar. El sentido de la existencia, del mundo y de “lo más alto” puede ser mostrado a algunos –lo místico- pero no puede ser expresado por estos mismos afortunados. De lo que se puede hablar se puede hablar claramente, y de lo que no se puede hablar hay que callar dejando plena autonomía a la muda expresividad del silencio.