"No hay manera de escapar a la filosofía […] Quien rechaza la filosofía profesa también una filosofía pero sin ser consciente de ella." Karl Jaspers, filósofo y psiquiatra. "There is no escape from philosophy. Anyone who rejects philosophy is himself unconsciously practising a philosophy." [Karl Jaspers, Way to Wisdom 12 (New Haven: Yale University Press, 1951)]
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Unboxing Philosophy. Un canal de Youtube magnífico para profesores y alumnado

Magnífico por el formato, por la duración, 
por la claridad, por el enfoque, por todo... 
Os dejamos con estos tres vídeos, pero hay muchos más...

 ¡Muchísimas gracias, "Unboxing Philosophy"!


El "Gorgias" de Platón. Sofistas, Retórica, Justicia y Política


En el diálogo que Platón dedica a este sofista, haciéndolo discutir con Sócrates, encontramos estos puntos de discusión.  En todos ellos Nietzsche estaría con los adversarios de Sócrates.  

Extractado de http://www.paginasobrefilosofia.com/html/Gorgias/apuntes.html

¿Cuál seria la diferencia entre la retórica y las otras artes que también necesitan poco de la acción, como la matemática o la geometría? ¿Sobre qué produce la retórica sus efectos a través del discurso?

En principio, Gorgias, responde de una modo general a las preguntas de Sócrates y afirma que la retórica tiende a tratar acerca de "las cosas mas importantes y mejores que hay en el mundo").  Ante tal respuesta, Sócrates le responde que tal contestación la podrían dar también otras artes. Asi el médico afirmaría que su arte trata sobre la salud y que quien conoce este arte puede lograr lo mejor. Tambien el educador físico que trata de la belleza y la fuerza corporal. Pues bien, pregunta de nuevo Sócrates, ¿qué es aquello que tu consideras, Gorgias, el mayor bien o lo mejor?

Gorgias responde que el mayor bien es el poseer el "arte de la persuasión", logrado por medio de la oratoria, ya que ello permite independencia a quien lo posee y autoridad sobre los restantes ciudadanos de la Polis. Pues bien, Sócrates, y sobre la base de lo dicho por Gorgias, es decir, que el objeto principal de la retórica es el arte de la persuasión, le propone profundizar en el análisis de la naturaleza de la persuasión, ya que parece evidente que otras muchas artes también intentan producir persuasión pues, según Sócrates, "aquel que enseña, lo que quiera que sea, intenta también persuadir sobre aquello sobre lo que enseña".  Por todo ello se hace necesario responder, plantea de nuevo Sócrates, acerca de "qué clase de persuasión produce el arte de la oratoria y a qué objeto tiende tal persuasión".  Gorgias responde que la retórica intenta persuadir en el ámbito de los tribunales de justicia, en la asamblea de los ciudadanos y, en definitiva, en todo aquello que tiene que ver con lo justo y con lo injusto.


Esto les lleva  a examinar qué es lo justo y lo injusto.

Sócrates intentará demostrar que aunque el cometer injusticia no supere en dolor al sufrirla, en lo que sí lo supera es en el daño que que produce.  ¿O es que acaso no produce mucho más daño el que comete injusticia que quien la sufre? Pues bien, cuando una cosa supera a la otra en daño, entonces no estamos ante lo feo sino ante lo peor.  Hacer lo injusto no es solo más feo que recibirla sino que es peor.

Si se acepta también la existencia de grados de belleza/placer y de fealdad/dolor. De dos cosas feas, la más fea es la mas dolorosa. De dos cosas feas, la mas dañina es la peor.

La injusticia es el más feo y peor de todos los males.

Se puede ser feliz de dos formas: la mejor consiste en no tener en el alma la maldad de la injusticia. La otra, si se comete una injusticia, sufriendo, al menos, el castigo y la expiación impuesta por las leyes.  El hombre mas desgraciado es quien "persevera en la injusticia y no se libera de ella".  La justicia y el bien hay que situarlos en relación con el alma y no con el cuerpo.

Pues bien, si alguien decide dedicarse a los asuntos públicos tendríamos que valorar su actuación del mismo que valoramos la del médico (que cura a tal y cual paciente) o a la del arquitecto (que realizó tal o cual edificio).  Volvamos nuestra memoria, plantea Sócrates, hacia los ciudadanos Pericles, Cimón, Milcíades y Temístocles.  La respuesta de Calices es clara: es evidente que cada uno de ellos hacía a los ciudadanos mejores de lo que anteriormente había sido. Ante tal respuesta, Sócrates recuerda que, por ejemplo, a Pericles le hicieron reo de apropiación indebida y poco faltó para que lo condenasen a muerte. Además a los ciudadanos de Atenas los volvió más violentos e imperialistas que cuando los tomó bajo su cuidado. Lo mismo podría decirse de Cimon (condenado a la pena del ostracismo) o Temístocles (a punto de ser despeñado).  En fin, todo parece indicar que no fueron tan buenos ciudadanos como Calicles intenta hacer creer. Acusa a Calicles por no saber aplicar correctamente el calificativo de bueno, al hablar de los políticos: no se es buen político por realizar grandes obras o por lograr grandes conquistas sino por demostrar su saber en el manejo y mejoramiento del alma de sus conciudadanos.

Sócrates aprovecha también para acusar a los sofistas de ser responsables de la mala formación del alma de los ciudadanos. Les acusa de ser incoherentes en relación con aquello que dicen enseñar. Así, por ejemplo, se presentan como maestros de virtud y, al mismo tiempo, muchas veces acusan a sus discípulos de ser injustos con ellos, por no satisfacer los honorarios previamente establecidos. Ahora bien, ¿cómo es posible que discípulos que, según sus maestros, ya han sido formados en el conocimiento de la virtud de la justicia se puedan comportar de un modo injusto? ¿Acaso no resulta absurdo que aquel que afirma haber hecho bueno a alguien eche en cara a este que, habiéndose hecho bueno, gracias a su intervención y sin dejar de serlo, sea no obstante malo?

Pues bien, aquellos políticos que son condenados por su propia ciudad y, por ello, acusan a sus ciudadanos de ser injustos y depravados, están realmente actuando como los sofistas.



La muerte de Sócrates y la decadencia de Atenas

Este documental describe cómo Atenas, en la cumbre de su gloria, se involucró en un conflicto suicida con su mayor rival: Esparta. A través de los ojos de Sócrates vemos el trágico declive de la democracia ateniense hacia una “ley de la calle” y un querer complacer al pueblo por la manipulación de las emociones.  A medida que las derrotas se acumulan, los atenienses, consternados y despojados de su imperio (basado en una democracia interior y en un férreo control comercial y en un sometimiento militar de las colonias del exterior), se vengan de su mayor crítico y condenan a Sócrates ante un jurado popular.  Sócrates, como un Jesús de Nazaret avant la lettre, acepta la condena sin pedir clemencia ni renunciar a sus posiciones...

Audio

Vídeo y audio en seis partes





Similitudes entre el proceso y muerte de Sócrates (Atenas, 399 a. C.) y la de Jesús de Nazaret (Jerusalén, 33 d. C.)

A finales de invierno del año 399 a. C., se daba inicio al proceso de examen de las acusaciones que sobre un tal Sócrates habían presentado tres ciudadanos: Anito, Melito y Licón. El proceso estaba dentro de los parámetros normales de la época y Sócrates, aunque con serias desventajas, tenía la posibilidad de salir casi intacto.  ¿Qué fue entonces lo que hizo que Sócrates fuera condenado a morir tomando veneno?

Sócrates, de manera muy similar a Jesús, dice estar en ayuda de una divinidad, ya que esta, al hacer la declaración de la sabiduría de Sócrates, llama al resto de los humanos a ser como él.  Jesús también es llamado a portar un mensaje, y desde su persona también se nos da la imagen de un modelo lleno de virtudes a seguir.  Remontándonos al juicio, podemos caer en la cuenta de que ambos personajes son por su propia idea y por la idea de sus acusadores una razón o un motivo para una reacción en la sociedad. Jesús y Sócrates fueron condenados a muerte como escarmiento para los sectores de la sociedad que representaban, o mejor dicho, a los que fueron "incorporados": Jesús, al grupo de los alborotadores religiosos; Sócrates al grupo de los sofistas. La serenidad de su recibimiento de la condena de muerte, se debe de una asimilación de ella a un objetivo mayor.  Sócrates asimiló su muerte al objetivo de mantenerse firme en sus virtudes y así, de ese modo, ser un ejemplo de hombre virtuoso en el futuro, lo cual fue comprendido por algunos de sus seguidores; y, a su vez, para Jesús el objetivo sería la redención de todo el que creyese en Él. Esta convicción explica en parte las respuestas condenatorias que ambos dieron en sus respectivos juicios. Sócrates, ante la pregunta sobre cuál debería ser su castigo, dio la siguiente respuesta: “Soy digno de algo bueno, señores atenienses, si es que debo proponer algo realmente conforme a mis merecimientos. ¿Cuál puede ser este bien que me convenga a mí, benefactor pobre que debe vivir en el ocio para poder dirigirse a vosotros?  No hay nada, varones atenienses, que le convenga tanto como ser mantenido en el Pritaneo*” . Si Sócrates hubiera dado para si cualquier otra condena, esta seguramente hubiera sido aceptada.  Jesús por otra parte recibió la siguiente pregunta: “¿Así que tu eres el Hijo de Dios?”, a lo que Jesús contestó: “Tú lo has dicho”.

* Sede del Poder ejecutivo en las ciudades-estado griegas, en el mismo edificio se daban comidas públicas a las cuales eran admitidos los que por sus servicios habían merecido ser mantenidos por la polis.

Sócrates y los sofistas


El verbo sophídsesthai, "practicar la sophía", sufrió una evolución y acabó por significar algo así como "embaucar". La derivación del sustantivo sophistés se usó en principio para referirse a los sabios, de hecho, así llamó el historiador Heródoto a Pitágoras.  También se llamaba así a los mousike y a los poetas y, en general, a todos los que ejercían una función educadora. El uso peyorativo, despectivo, empezó a tomar forma en el siglo V a. C.  El desprecio con el que los sofistas eran tratados se debía a que decían saber cómo enseñar las técnicas necesarias al aspirante a gobernar, lo cual creaba desconfianza.se usó en principio para referirse a los sabios 


En el ambiente del siglo V antes de Cristo, en un momento en que todo era sometido a las normas de la razón, era proverbial la seguridad y el orgullo sofista en el poder del individuo y de su razón. Los sofistas se consideran profesionales de la educación, cobran por impartirla y “venden” su conocimiento como el único remedio a los peligros que acechan a la comunidad, remedio cuyo administrador será el político que se quiera dejar instruir por ellos.
Pues bien, en relación con este ambiente y con este tipo de personaje, surge la figura de Sócrates manteniendo una posición no radicalmente opuesta sino diferente.  Tales diferencias no fueron siempre bien comprendidas por sus contemporáneos.


Señalaremos algunas:

- Los sofistas son codiciosos de dinero y se hacen pagar por sus lecciones. Sócrates, que no se consideró nunca un sabio, jamás pidió dinero a cambio de sus enseñanzas.

- Los sofistas tienen un afán profesional por adoctrinar y modelar el alma de los jóvenes. Sócrates siente horror ante la caza del alma: el alma, es algo que no confiaría ni a mi padre, ni a mi hermano ni a ninguno de mis amigos.


- El sofista cultiva un arte de apariencia y es un forjador de imágenes.  Lo que enseña al politico se parece más a un asesoramiento de imagen y de discurso que a un conocimiento que busque las causas y fundamentos de las cosas humanas y naturales.  En cambio, Sócrates busca la liberación de esta frivolidad acudiendo a la dialéctica: más vale lograr poco, pero auténticamente bueno, que mucho pero equivocándose.

- Los sofistas, según Sócrates, llenaban a la gente de dudas sobre las leyes y la religión de su ciudad. Ante tal orientación, Sócrates concentró toda su atención no en problemas de tipo práctico, sino en el intento de averiguar qué son ciertamente los conceptos que los sofistas enseñan a usar a los aspirantes a politicos, conceptos que consiguen tocar la “fibra sensible” del pueblo –en esto consiste la demagogia de los sofistas, como la actual de los “panfletistas” y “agitadores” políticos-.


- Sócrates dejó para los sofistas el apelativo de “sabios”, como sinónimo de aquellos que son capaces de tomar lo que a cualquiera le parece mal y consiguen hacerlo aparecer como bien, y tomó para él el nombre de filósofo, es decir, el que persigue, ama, a la sabiduría.

- Por último, para Sócrates el hombre no nace libre sino dentro de la historia y vinculado a su ciudad. Todo lo que rodea al hombre (familia, sangre, religión, etc.) es lo que lo sitúa al hombre sobre una raíz. Sócrates está muy lejos del afán disolvente del sofista que predicará que el hombre nace libre y aislado.   Esta idea no volverá a tener éxito hasta Locke y Rousseau.


El método irónico-mayéutico de Sócrates

   La ironía consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice mientras que “mayéutica” viene del griego maieutiké y significa “arte de las comadronas”, arte de ayudar a procrear (a lo que se dedicaba la madre de Sócrates). La mayéutica, a partir de Sócrates, referirá también a un método filosófico de investigación y enseñanza propuesto: “Mi arte mayéutica tiene las mismas características generales que el arte [de las comadronas]. Pero difiere de él en que hace parir a los hombres y no a las mujeres, y en que vigila las almas, y no los cuerpos, en su trabajo de parto.  Lo mejor del arte que practico es, sin embargo, que permite saber si lo que engendra la reflexión del joven es una apariencia engañosa o un fruto verdadero”.

    Consiste, pues, esencialmente, en emplear el diálogo para llegar al conocimiento. Aunque Sócrates nunca sistematizó la mayéutica, seguramente es correcto destacar las siguientes fases en este método:

- En un primer momento se plantea una cuestión que, en el caso del uso que  Sócrates hizo de este método, podía expresarse con preguntas del siguiente tipo ¿qué es la virtud?, ¿qué es la ciencia?, ¿en qué consiste la belleza?...
- En segundo momento el interlocutor da una respuesta, respuesta inmediatamente discutida o rebatida por el maestro.
- A continuación se sigue una discusión sobre el tema que sume al interlocutor en confusión; este momento de confusión e incomodidad por no ver claro algo que antes del diálogo se creía saber perfectamente es condición necesaria para el aprendizaje, y Sócrates lo identifica con los dolores que siente la parturienta antes de dar a luz.
-Tras este momento de confusión, la intención del método mayéutico es elevarse progresivamente a definiciones cada vez más generales y precisas de la cuestión que se investiga (la belleza, la ciencia, la virtud, etcétera).
- La discusión concluiría cuando el alumno, gracias a la ayuda del maestro, consigue alcanzar el conocimiento preciso, universal y estricto de la realidad que se investiga.

      La idea básica del método socrático de enseñanza consiste en que el maestro no inculca al alumno el conocimiento, pues rechaza que su mente sea un receptáculo o cajón vacío en el que se puedan introducir las distintas verdades; para Sócrates es el discípulo quien extrae de sí mismo el conocimiento. Este método es muy distinto al de los sofistas, estos daban discursos y a partir de ellos esperaban que los discípulos aprendiesen.

La Democracia ateniense y su decadencia. De Sócrates a Platón pasando por Pericles

Se le ofrece a la alumna y al alumno escuchar una conferencia.

Francisco Rodríguez Adrados nació en Salamanca, el 29 de marzo de 1922. Miembro de la Real Academia Española, fue elegido con la letra "d" el 21 de junio de 1990; tomó posesión el 28 de abril de 1991. Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca (1944); doctor por la Universidad Complutense de Madrid (1944); catedrático de Griego del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid (1949), de la Universidad de Barcelona (1951), de la Complutense de Madrid (1952), en la que continúa como profesor emérito; presidente de honor de la Sociedad Española de Estudios Clásicos; director de las revistas Emerita y Española de Lingüística, del Diccionario Griego-Español y de la colección Alma Mater de clásicos griegos y latinos. Es miembro correspondiente de la Academia argentina de Letras (1995), miembro extranjero de la Academia de Atenas (2002) y miembro de la Real Academia de la Historia (2003). Es autor, en España y el extranjero, de numerosas obras sobre Lingüística (general, indoeuropea, griega), Literatura (griega, india, española), Historia y Filosofía y colaborador de los principales periódicos nacionales. Es Premio Menéndez Pidal de Investigación en Humanidades (1988), Premio "Aristóteles" de la Fundación Onassis (1989), taxiarchis de la Orden griega del Honor (1997), Premio de Castilla y León de Humanidades (1997), Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (1998), doctor honoris causa de la Universidad de Salamanca (1999).



El Profesor Adrados






Pericles






El día 27 de enero regaló una fantástica conferencia sobre la Democracia ateniense. La he grabado. Podéis descargar el audio de la misma, de una hora de duración, aproximadamente. Muy recomendable escuchar esta conferencia para preparar a Sócrates, Platón y Aristóteles. El sonido mejora después de un minuto. Es un placer escucharlo con atención y da claves para entender la corrupción en la actualidad.


Sócrates