"No hay manera de escapar a la filosofía […] Quien rechaza la filosofía profesa también una filosofía pero sin ser consciente de ella." Karl Jaspers, filósofo y psiquiatra. "There is no escape from philosophy. Anyone who rejects philosophy is himself unconsciously practising a philosophy." [Karl Jaspers, Way to Wisdom 12 (New Haven: Yale University Press, 1951)]

"La ideología alemana" en su contexto




















La verdad es la finalidad perseguida, al menos en principio, por las Ciencias y por la Filosofía (aunque a partir de Nietzsche el enfoque cambie considerablemente). Desde la Antigüedad -recuerda a Platón- se distingue entre la “doxa” (opinión, criterio personal) y la “episteme” (conocimiento fundamentado, opinión verdadera objetivamente contrastable). Sin embargo, la verdad no es un concepto unívoco, no tiene un solo significado sino varios, en función del contexto en el que la palabra verdad o la expresión “es verdad” se utilicen.

De hecho, para la Filosofía la verdad no es sólo un objetivo sino también un problema. Los filósofos rara vez dan por hecho que saben de qué tipo es la verdad que buscan, a diferencia de los científicos quienes, normalmente, manejan acríticamente la noción tradicional de verdad entendida como la correspondencia entre lo que se afirma (la proposición científica: una ley, un teorema, etc.) y algún hecho observable o reproducible en un laboratorio. Sin embargo, la Filosofía entiende la verdad como un problema en la medida en que puede ser que dos pensadores no estén manejando la misma noción de verdad y, por lo tanto, los fines que pretenden alcanzar mediante sus propuestas sean enteramente distintos. Esto ocurriría, por ejemplo, cuando se da la discusión entre un teólogo y un filósofo quienes pueden buscar una verdad muy distinta en el análisis de la Historia de la Humanidad. El teólogo cristiano puede considerar que en la Historia de la Humanidad se hace patente el pecado original y que, de algún modo, esta verdad trascendente se manifiesta mediante guerras y desgracias mientras que el filósofo, aceptando o rechazando lo dicho por el teólogo, debe proponer otro tipo de verdad que pueda constatarse en los hechos históricos mismos de forma fehaciente, aunque también pueda equivocarse porque su interpretación sea demasiado amplia: ese sería el caso de Hegel cuando dice que el Estado surge para sintetizar la Familia y la Sociedad en algo superior, o de Marx cuando afirma que la Historia siempre ha ido avanzando por la lucha de dos clases sociales, una dominante y otra dominada. Si, además del teólogo y del filósofo, un poeta se siente inspirado por la Historia e intenta captar en un poema la esencia trágica de la condición humana (la guerra, el sufrimiento, la violencia, el afán de poder, etc.) bien puede dar con una verdad poética, como ya hizo Homero con la historia de la Grecia arcaica o como también hicieron los autores bíblicos primitivos con su peculiar interpretación de los hechos históricos del pueblo de Israel.

Hecho este preámbulo, pueden distinguirse tres conceptos de verdad: La verdad como correspondencia entre las proposiciones y los hechos -Ciencias empíricas (naturales y sociales) e Historia-, la verdad como desvelamiento de algo que está oculto y puede ser revelado (Literatura, Psicoanálisis, Religión) y, finalmente, la verdad entendida como coherencia interna de un sistema en las Ciencias formales (Lógica y Matemáticas). Hegel entendería la verdad más bien del segundo modo y propone una "Lógica dialéctica" que no caiga en el vacío de la Lógica tradicional:

[…] El sistema de Hegel comprende absolutamente todo. Si está en lo cierto respecto de absolutamente todo (o en verdad de algo) depende de cómo se consideren su estructura básica y su dinamismo. Todo el sistema descansa en el modo original de razonar propio de Hegel, su célebre método dialéctico. […] La síntesis retiene lo que es racional tanto en la tesis como en la antítesis y se convierte a su vez en una nueva tesis. Así puede repetirse el proceso en una serie de tríadas, ascendiendo a dominios cada vez más racionales.



[…] El método dialéctico (que él llamó “lógico”) surgió de una ambición loable. Deseaba superar la deficiencia mayor de la lógica tradicional, esto es, el hecho de que era totalmente vacía. La lógica no dice nada acerca de ninguna cosa, excepto de ella misma. Tomemos, por ejemplo, el argumento tradicional siguiente:










Todos los filósofos son megalómanos intelectuales.







Hegel es filósofo.
Luego Hegel es un megalómano intelectual.





Este argumento sería lógicamente el mismo si se tratara de adivinos, magos y Merlín. De modo que puede escribirse:




Todo A es B.



X es A.



Luego X es B.




La forma lógica es la misma, independientemente del contenido. Según Hegel, el objeto de la lógica es la verdad; pero si la verdad está vacía de contenido, ¿qué es? Nada. La verdad vacía de la lógica tradicional no proporciona información, no puede descubrir la verdad real. Hegel trató de superar esta separación entre forma y contenido.




[…] La dialéctica –con su método triádico de tesis, antítesis y síntesis- tiene forma y contenido.

[…] No se puede negar que este sistema da origen a un cúmulo de ideas sorprendentes, profundas y estimulantes. Pero son éstas esencialmente poéticas. En verdad, todo el sistema es una hermosa idea poética. Pero la mariposa ha sido clavada a mazazos. En muchos de los niveles inferiores de la pirámide, las ideas no sólo son erróneas (Tesis: La religión judía. Antítesis: La religión romana. Síntesis: La religión griega) sino vacías (Tesis: Aire. Antítesis: Tierra. Síntesis: Fuego y agua) Se puede ver así que a pesar de la pretensión de Hegel de que su sistema es necesario (en el sentido lógico), es en gran medida arbitrario. Su lógica no tiene el rigor del sistema geométrico de Spinoza, por ejemplo.

[…] Su intento de reducir la historia a un proceso dialéctico –una seudoidea que había de regresar con creces en las obras de su seguidor Marx- asigna un propósito a la historia (la voluntad de Dios para Hegel y la consecución de la utopía comunista para Marx). Hegel describe el avance dialéctico de la historia como la marcha de un cangrejo por los castillos de arena del tiempo. Los imperios de China, la Grecia antigua y Roma dan finalmente paso a las glorias del estado prusiano, la forma más elevada de vida en sociedad sobre la tierra (trascendiendo con mucho los derechos del simple individuo).


[…] Hegel veía la historia desde la más amplia perspectiva posible: “una visión histórica mundial”. La historia es un proceso de autorrealización. La humanidad se halla embarcada en un viaje de reflexión intelectual y de autocomprensión, una conciencia creciente de su propia unidad y propósito. Tomamos posesión de nuestro pasado cuando vemos la historia de nuestra autorrealización como un todo significativo, declaró Hegel. De modo que el objetivo de la historia es el descubrimiento del significado de la vida, nada menos. [En Paul Strathern: Hegel en 90 minutos. Madrid: Siglo XXI de España, 2000]


Siguiendo a José Ferrater Mora en su célebre Diccionario de Filosofía -véase la entrada "Dialéctica", página 870 de la edición no abreviada- podemos decir que la dialéctica se centra en el marxismo o, mejor dicho, en muchas de las formas que ha adoptado la tradición marxista, incluyendo en estas corrientes que algunos consideran sólo parcialmente marxistas. Un carácter común a casi todos los pensadores marxistas es el hacer de la dialéctica un método para describir y entender no, como en Hegel, el autodesarrollo de "la Idea" sino la realidad en tanto que realidad "empírica". Esto puede afectar -prosigue Ferrater- a todas las realidades, incluyendo las naturales, o solamente -y en ocasiones, primariamente- a la realidad social humana.


En la entrada "Ideología", Ferrater -y convendría aquí recordar, de Primero de Bachillerato, la distinción de Kenneth Pike entre "etic" y "emic" aplicada por los estructuralistas (Lévi-Strauss, por ejemplo) y los materialistas culturales (Marvin Harris) en los sesenta para rescatar la distinción entre inconsciente y conciencia de Freud y/o la oposición entre infraestructura y superestructura en Marx- nos dice que Maquiavelo -de quien también se suele decir algo en el Bloque Introductorio del pasado curso, en tanto que opositor al Utopismo- puso ya en claro la posibilidad de una distinción (o "desvío") entre la realidad -especialmente la realidad política- y las ideas políticas. En un sentido más general -prosigue don José en su Diccionario- Hegel habló de la separación de la conciencia respecto a sí misma, especialmente en el curso del proceso histórico. En un sentido, la idea de separación de la conciencia respecto a sí misma se refleja en el pensamiento de Marx, y en particular en la noción de "falsa conciencia".


El curso pasado -al hilo de la explicación sobre las metafísicas materialistas y las ontologías pluralistas o pseudodualistas (o monistas reduccionistas) o bien sobre cuestiones relacionadas con las pruebas y "anti-pruebas" de la existencia de Dios- quizá se explicó algo sobre Feuerbach (seguramente sobre las Once tesis sobre Fuerbach). Este autor fue miembro de la Izquierda hegeliana llegando a ser el más destacado representante de esta tendencia. Sus Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad constituyeron un fuerte ataque contra la Teología al uso de su época. Feuerbach reduce la Teología a una Antropología filosófica defendiendo que el hombre crea a sus dioses a su imagen y semejanza, los crea conforme a su miedos y necesidades (recuérdese o véase la interesante, aunque cuestionable, hipótesis de El animal divino, de Gustavo Bueno, con respecto al paso de las religiones primarias a las secundarias y, finalmente, a las terciarias) Marx, va más allá de Feuerbach:

Ahora bien, es cierto que Marx afirma, con Feuerbach, la prioridad de la materia sobre el pensamiento, pero, de hecho, no le interesa la naturaleza como tal, considerada separadamente del hombre. Sin embargo, no puede deducirse de ello que la naturaleza carece de realidad ontológica -recuérdese lo explicado en Primero de Bachillerato sobre los campos de la metafísica y la ontología como disciplinas filosóficas- excepto en función de objeto de la conciencia. Sería absurdo interpretar el pensamiento de Marx como idealista. Para Marx, la naturaleza existe, en primer lugar, para el hombre, cuando este logra diferenciarse de la misma pero reconoce, al propio tiempo, la relación del hombre con la naturaleza. El animal es un producto natural y, por tanto, lo vemos en relación con la naturaleza. Sin embargo, el animal no es consciente de dicha relación como tal, es decir, que no existe "para él". Se puede afirmar que, para el animal, no existe la naturaleza. En cuanto a la existencia de la naturaleza en relación con el hombre, conviene precisar que ésta empieza a existir para el ser humano a partir del momento en que surgen la conciencia y la relación sujeto-objeto. Es esta una consideración fundamental para comprender lo que llamamos el devenir del hombre. el hombre ha de objetivarse a sí mismo para devenir hombre; sólo puede objetivarse estableciendo una distinción entre la naturaleza y su propio ser particular y humano.

Sin embargo, el hombre está orientado hacia la naturaleza en el sentido de que tiene necesidades que únicamente puede satisfacer objetos ajenos a sí mismo. La naturaleza está orientada hacia el hombre en el sentido de que proporciona los medios para satisfacer sus necesidades. Por otra parte, la satisfacción de sus necesidades exige al hombre su actividad física o trabajo. Así las cosas, puede afirmarse que satisfacer espontáneamente las necesidades físicas primarias por la simple apropiación de un objeto adecuado es ya trabajo, aunque este trabajo no es trabajo o actividad específicamente humana, al menos en la medida en que se considere simplemente como un acto físico. Así, por ejemplo, se presenta el caso de un hombre que se agacha para beber agua en la corriente del río a fin de apagar su sed; de igual manera actúan muchos animales. El trabajo se convierte en específicamente humano sólo cuando el hombre transforma un objeto natural adecuándolo a las exigencias de sus necesidades, y se vale de ciertos medios o instrumentos. [En Frederick Copleston: Historia de la Filosofía, volumen VII, "La transformación del Idealismo. - II", Barcelona: Ariel, 2004]

La Ideología alemana es una obra de la etapa que ha venido en denominarse "humanista" de Marx, en contraste con escritos como El Capital donde Marx realiza análisis de estructura. Estas distinciones son siempre provisionales, ayudan a entender mejor a un autor, pero sería un disparate decir que al Marx joven no le interesó la estructura del capitalismo o que al Marx maduro no le interesó el futuro del hombre. En cualquier caso, podemos decir que estos escritos están alentados por intereses similares a los que inspiran sus Manuscritos. En la introducción a esta obra en su edición de Alianza dice F. Rubio Llorente:

Marx no aceptó nunca la "pasividad" del pensamiento de Feuerbach, al que encuentra "demasiado hegeliano en su contenido y demasiado poco [hegeliano] en su método". [...] Aunque estas diferencias sólo se harían explícitas en La ideología alemana y en las famosas Tesis, posteriores en algunos años a los Manuscritos, ya en estos, a pesar del entusiasmo feuerbachiano, es perceptible una diferencia de matiz. Feuerbach ha servido para evidenciar que sólo lo sensible es real y que es en lo sensible en donde hay que verificar el cambio que por fin hará humano al hombre. Pero lo sensible es también obra humana. La dialéctica es ley de desarrollo de la naturaleza, no de un Espíritu por encima de ella, pero dentro de la naturaleza está también la razón, que es la razón del hombre, y es el hombre el que ha de impulsar el cambio y crear lo nuevo. El hombre, de otra parte, no es una esencia que se repita idéntica de unos individuos a otros y esté dada de una vez para siempre, aunque se haya visto oscurecida y perturbada de distintos modos a lo largo de la historia. El hombre es un ser social cuya potencialidad originaria realizan en cada momento de una determinada forma las relaciones sociales en las que vive inmerso. La esencia del hombre feuerbachiano no existe más que como potencia histórica; el hombre real es lo que que la sociedad concreta hace de él. La ciencia del hombre es la ciencia de la sociedad y el humanismo activo es la revolución.

Véase también este documento.