"No hay manera de escapar a la filosofía […] Quien rechaza la filosofía profesa también una filosofía pero sin ser consciente de ella." Karl Jaspers, filósofo y psiquiatra. "There is no escape from philosophy. Anyone who rejects philosophy is himself unconsciously practising a philosophy." [Karl Jaspers, Way to Wisdom 12 (New Haven: Yale University Press, 1951)]

Líneas principales del pensamiento de Rousseau

Rousseau pertenece a la corriente contractualista de la Filosofía política.  Esta corriente se une a otras tres ya existentes: el iusnaturalismo escolástico, el maquiavelismo, defensor de la razón de Estado y, finalmente, el tacitismo, el cual hacía de la costumbre y de lo comunmente bien considerado la razón de la acción política.

En la época de Rousseau la sociedad civil sufre tres grandes transformaciones: la primera revolución industrial y el apogeo económico de la burguesía, la concentración de mano de obra en las ciudades y el declive de la nobleza, eclipsada por las monarquías absolutas.

Para Rousseau la ciencias y las técnicas (o artes) no nos conducen al progreso hacia lo mejor.  La vida civilizada, a diferencia de la inocencia de los salvajes, es demasiado compleja.  Así pues Rousseau afirma en el "Discurso sobre las ciencias y las artes" que, si bien fue la necesidad de seguridad la que creó los tronos de los reyes absolutos, las ciencias y las artes los habían fortalecido.  Los seres humanos han perdido la inocencia, se han vuelto amantes de la comodidad y del lujo y esto los esclaviza sin saberlo.

Posteriormente Rousseau publicó un "Discurso sobre la desigualdad" donde se acusa directamente a la sociedad de la pérdida de la bondad natural de los seres humanos.  Es el afán por mejorar en las condiciones de vida el que les llevó a progresar en las técnicas.  Finalmente las mejoras en la producción agrícola dio lugar al surgimiento de la propiedad privada.  Para Rousseau reconocer a la propiedad privada como un derecho fue el auténtico "pecado original" de la humanidad.  Casi todas las desgracias humanas se podrían haber evitado de no existir tal derecho.  En este punto la posición de nuestro autor es radicalmente opuesta a la de la Ilustración británica.  En el caso de los contractualistas británicos Hobbes y Locke se nota aún más la diferencia puesto que Rousseau niega que el pacto social se diera entre iguales.  El pacto fue una estafa de los ricos hacia los más necesitados, quienes sucumbieron al miedo.


Llegamos así a las tesis de "El contrato social".  Rousseau enlaza aquí con el pensamiento utópico pues pretende, contra los contractualistas ingleses, encontrar la forma de convivencia donde la seguridad y la libertad sean posibles a la vez sin que todo el sistema social gire necesariamente alrededor del derecho de propiedad sino sobre la igualdad.  Algo así es posible si la soberanía reside en la voluntad general.  La voluntad general no es la voluntad de la mayoría ni tampoco la suma de la voluntad de todos los ciudadanos sino aquella que atiende al interés general incluso cuando ni siquiera coincide con el interés de ningún particular.  Quien respeta la voluntad general sólo es súbdito de sí mismo y por lo tanto es ciudadano y no súbdito.  La libertad es el sometimiento a la ley.  La voluntad general queda definida como la integral de las voluntades donde las tendencias más extremas del interés propio de ciertos individuos quedan anuladas.


Si no hay súbditos ni vasallos los ciudadanos son, en cierto sentido, como hermanos: fraternidad. Por lo tanto la libertad, la igualdad y la fraternidad fundamentan en Rousseau la división de poderes de Montesquieu e inspirarán años más tarde a los jacobinos en la Revolución francesa.

Para que nadie pueda condicionar el sentido de la voluntad individual es conveniente un sistema económico, contra Adam Smith, donde el trabajo asalariado sea irrelevante o inexistente y en el que las familias fuesen unidades autónomas de producción.

Con respecto al sistema de gobierno Rousseau propuso que allí donde la democracia directa no es posible por el elevado número de habitantes sería más conveniente una aristocracia electiva donde los más sabios, como en Platón, gobiernan a la multitud.  No obstante asambleas legislativas periódicas examinarán las actuaciones del poder ejecutivo y judicial.
Todo esto no será posible, como en Platón, sin una reforma profunda de las creencias y, sobre todo, de la educación de la multitud. 

Con respecto a las creencias Rousseau defendió, como Voltaire, el deísmo: hay un Ser supremo, el Gran Arquitecto del Universo.  Esto conduce a una religión civil obligatoria basada en unos pocos dogmas sencillos entre los que destaca el rechazo a la intolerancia.

A la educación Rousseau dedicó una novela que publicó el mismo año (1762) que "El contrato social": "Emilio".  En esta obra postula que lo más similar a la vuelta al estado de la naturaleza es dar a los niños una educación natural, no represiva, donde no haya imposiciones y se aprenda a vivir libremente.  Se trataría de educar seres libres y no de domesticar fieles súbditos.