"No hay manera de escapar a la filosofía […] Quien rechaza la filosofía profesa también una filosofía pero sin ser consciente de ella." Karl Jaspers, filósofo y psiquiatra. "There is no escape from philosophy. Anyone who rejects philosophy is himself unconsciously practising a philosophy." [Karl Jaspers, Way to Wisdom 12 (New Haven: Yale University Press, 1951)]

Líneas principales del pensamiento de Nietzsche


Con 21 años de edad, en su proyecto para la tesis doctoral sobre “El concepto de lo orgánico a partir de Kant”, Nietzsche plantea la invalidación del concepto de cosa en sí (algo que, de modo bien distinto, hizo también Hegel), para considerar que el conocimiento está en función de la vida; los hombres no desean por naturaleza saber (contra Aristóteles) sino su conservación y su potenciación como individuos. Aparece así un cierto perspectivismo que influirá notablemente en Ortega y Gasset.

Nietzsche no es un filósofo sistemático. Esto es algo intencionado. Su pensamiento queda recogido normalmente en una serie de aforismos, con algunas excepciones. De este modo puede renovar su propio pensamiento y criticarse a sí mismo incesantemente. No obstante, el estudio textual de los escritos de Nietzsche permite reconstruir de esta manera cierta noción de unidad en su pensamiento, con independencia de la enorme variedad de asuntos que trata. Con dieciocho años Nietzsche apunta ya, en referencia a un fragmento de Heráclito, la posibilidad de una redención del futuro en la liberación del pasado de los prejuicios presentes. La idea constituirá más adelante uno de los puntos centrales y más enigmáticos de su pensamiento: el eterno retorno de lo mismo. De este modo, ya siendo muy joven, su pensamiento se muestra como completamente anti-dialéctico. La Historia no es lineal, no progresa hacia lo mejor y ni siquiera lo hace hacia algo nuevo.

A continuación pasamos a exponer las líneas principales de su pensamiento siguiendo, en la medida de lo posible en un autor como este, el orden tradicional de los temas.

En una fase inicial de su pensamiento, Nietzsche asume todavía como suyos elementos de la teoría del conocimiento de Kant (espacio y tiempo como intuiciones del sujeto, categorías, etc.) Pero Nietzsche pronto va más allá de Kant puesto que considera que los conceptos abstractos que elaboran las ciencias no son más que metáforas de cuyo origen se ha perdido el rastro [Dicho en lenguaje kantiano, si conociésemos el origen de los conceptos-metáfora de las ciencias descubriríamos que los supuestos juicios sintéticos a priori, informativos, no son más que juicios analíticos encubiertos] De modo que no sólo es que no haya ideas platónicas, ni formas substanciales (esencias aristotélicas) sino que los conceptos abstractos del conocimiento no son más que imágenes que nos ayudan a aumentar nuestro poder sobre el entorno, a dominarlo, pero no representan la realidad tal como es, sino que, del mismo modo que la araña teje inconscientemente su tela y su mundo se reduce a todo lo que cae en ella, nuestra red de metáforas nos permite capturar la realidad tal y como mejor podamos dominarla, sin que nos de una representación pura y fiel de la misma. La ciencia es una forma de extender nuestro poder sobre el entorno. Las verdades no son más que fórmulas que aumentan nuestro alcance sobre el mundo, es decir, que sirven no solo a nuestra voluntad de vivir sino a la voluntad de poder. Esto se desarrolla más adelante.

En cualquier caso, y pasando a la cuestión de la ética y la moral, lo mismo que puede decirse de los conceptos científicos debe aplicarse a los valores morales de nuestra cultura occidental. Uno de los argumentos fundamentales de Nietzsche era que los valores tradicionales (representados en esencia por el cristianismo) han perdido su poder en las vidas de las personas, lo que llamaba nihilismo pasivo. Lo expresó en su tajante proclamación “Dios ha muerto”. Estaba convencido de que los valores tradicionales representaban una “moralidad esclava”, una moralidad creada por personas débiles y resentidas que fomentaban comportamientos como la sumisión y el conformismo porque los valores implícitos en tales conductas servían a sus intereses. El Superhombre, estoico y hedonista a la vez, vive con intensidad, pero sus pasiones están frenadas y reprimidas por la razón: equilibrio ya conseguido por los griegos anteriores a Sócrates entre lo apolíneo (las formas, la razón, el discurso, el poema) y lo dionisíaco (el espíritu exultante, la fiesta, la tragedia y la música sin necesidad de palabras) Centrándose en el mundo real, más que en las recompensas del mundo futuro prometidas por las religiones en general, el superhombre afirma la vida, incluso el sufrimiento y el dolor que conlleva la existencia humana. El Superhombre es un creador de valores, alguien emancipado de las ataduras de lo humano “envilecido” por la docilidad esclava, judeo-cristiana. Esa moral de esclavos es miserable, según Nietzsche, porque se vale del perdón por el arrepentimiento como arma oculta para dominar las voluntades fuertes. Se basa no en el reconocimiento de la excelencia, nobleza y superioridad del otro (moral aristocrática) sino en la deuda que se contrae con él. Solo un Superhombre es capaz de sobreponerse a esto y restaurar una moral aristocrática.

Esto supone una crítica radical a la idea de dignidad humana de la ética kantiana, puesto que la Humanidad del imperativo categórico no es un fin en sí misma, como afirmaba Kant, sino un puente entre los simios y el Superhombre. El Superhombre ya no cree en un mundo trascendente y superior al mundo terrenal, invirtiendo así el esquema platónico, judeo-cristiano, agustiniano y luterano, del odio al mundo y al cuerpo (“la carne”). En Sobre la utilidad y el perjuicio de la Historia para la vida, como bien expresa el título, reniega del historicismo, ya sea el de Hegel, el de los positivistas, socialistas utópicos, utilitaristas o marxistas. La Historia no es un drama, con planteamiento, nudo y desenlace, que se resuelve al final. La Historia, como entendieron los poetas trágicos y los presocráticos antes de la contaminación pitagórico-platónica del pensamiento griego (odio al cuerpo, reducción de la realidad a apariencia, hiper-intelectualismo...) es una tragedia.

Nietzsche, superando a Schopenhauer y como se adelantó anteriormente, sostenía que todo acto o proyecto humano está motivado por la “voluntad de poder” y no por la mera voluntad de vivir. Una voluntad de aumentar el poder sobre otros más débiles y también sobre uno mismo. Aunque Nietzsche afirmó que todavía no había existido ningún superhombre, citó a algunos personajes históricos que podrían servir como modelos: Julio César, Jesucristo -antes de la decadente influencia judía de San Pablo y, posteriormente, de Lutero- Leonardo da Vinci y Napoleón. En cualquier caso la tesis de la necesidad del superhombre -tal y como lo expone en Así habló Zaratustra, y como antes se expuso, se trata de un ser dotado de una inocencia y una crueldad infantiles en el cual el sentimiento de culpa judeo-cristiano sería una carga que ya no existiría- no es el Fin de la Historia porque, para este autor, la Historia, se insiste, no tiene por qué ser lineal. Esta es una de las formas de entender su doctrina del Eterno Retorno; los ciclos históricos, como expuso desde otro punto de vista el renacentista Maquiavelo, se repiten: de nuevo volverán a decaer los valores, se volverá a perder la inocencia, volverán las cargas morales (momento simbolizado por “el camello”), habrá que revolverse con fiereza contra ellas de nuevo (“el león”) para, otra vez, volver a dar la vuelta al sistema de valores decadentes y recuperar al “niño” inocente y libre de la moral decadente que hace sentir culpable al “adulto”. Ese niño exhibe una moral de señores o aristócratas, de superhombres, que no se preguntan –como hacía Sócrates, el precristiano, quien usaba su verborrea para compensar su fealdad lo cual es la muestra patente de su falsedad (El crepúsculo de los ídolos) - qué les hace mejores, porque, simplemente, lo son.

Otros autores, como el novelista Milan Kundera (La insoportable levedad del ser), interpretan el Eterno Retorno como una forma de subrayar la gravedad las acciones humanas (nada de lo hecho puede quedar borrado por la Historia) y hay quienes también han entendido el Eterno Retorno desde un punto de vista cosmológico: siendo la materia limitada todas las combinaciones habrán de volver a darse de nuevo.