"No hay manera de escapar a la filosofía […] Quien rechaza la filosofía profesa también una filosofía pero sin ser consciente de ella." Karl Jaspers, filósofo y psiquiatra. "There is no escape from philosophy. Anyone who rejects philosophy is himself unconsciously practising a philosophy." [Karl Jaspers, Way to Wisdom 12 (New Haven: Yale University Press, 1951)]

Líneas principales del pensamiento de Platón en relación con el "Fedón"

Sócrates diserta con toda serenidad en sus últimos momentos antes de sufrir los efectos de la cicuta que acaba de tomar, cumpliendo la sentencia que los atenienses, por una ajustada mayoría, habían considerado apropiada para él. Pero Sócrates, el "tábano", no tiene miedo a morir... Imprime las páginas que comprenden desde el marcador 74a hasta el marcador 83d.




























Platón (427-347 a. C.) es el primer pensador sistemático de la Historia de la Filosofía occidental. Esto quiere decir que su filosofía comprende cuestiones metafísicas y ontológicas, de teoría del conocimiento, antropológicas, éticas, estéticas y políticas, intentando dar solución a los problemas teóricos y prácticos de su época.

La solución a todos esos problemas, desde el antagonismo entre Heráclito y Parménides, pasando por la decadencia de Atenas y su democracia, requiere asumir un supuesto: la existencia de unas entidades o realidades objetivas que no son de naturaleza material pero que sirven de modelo que imitar (mímesis) a los objetos materiales y sensibles. Esas realidades objetivas e inmateriales no pueden captarse mediante los sentidos ni mediante el razonamiento sino a través de una intuición intelectual a la que llama “nous” (término griego ya utilizado por Anaxágoras en época de Pericles para referirse al orden inteligente que se le impone a la realidad). Pero la intuición intelectual o “nous” no se consigue de cualquier forma sino que hay que seguir un proceso de crecimiento intelectual, al que llama “Dialéctica”, cuyo método auxiliar de investigación (irónico-mayéutico) fue expuesto por Sócrates (protagonista de “Fedón”) La diferencia radica en que el verdadero conocimiento no consiste en alcanzar la definición perfecta sino en “intuir” -de forma inexpresable (Gorgias: “Pero, aun dado caso que se pudiera conocer el ser, no sería comunicable”) y de una sola vez- los modelos ideales.  De ahí que tenga que usar mitos y analogías para referirse a ellas, como hace en “Fedón”.  Pero Platón, a diferencia del célebre sofista, sí considera que puedan conocerse. 
En el libro VII de su obra más importante, “La República”, el filósofo ateniense expresa en qué consiste ese proceso mediante la analogía de la línea, con la cual pone en relación los distintos órdenes de la realidad con los distintos estadios o fases del conocimiento, de menor a mayor importancia. La última fase radicaría en la intuición del Modelo de Unidad, Bondad y Belleza (al que analoga con el sol), única que establece relaciones con todo el resto de los modelos ideales (como el sol las establece con todos los seres sensibles, dándoles ser y haciéndolos visibles) Esto es así porque de mantener todos los modelos relación con todos los demás el conocimiento absoluto se alcanzaría con la captación de un solo modelo, por muy sencillo que fuese (p. e., el modelo de caballo, de flor o cualquier otra cosa tangible) Es evidente que no es así. También es evidente que ningún modelo que permanezca aislado será alcanzado por el “nous”. A esta peculiar relación de los modelos entre sí Platón la llama “symploké” (entretejimiento). Esta visión de la realidad está muy alejada del mundo homogéneo, sin matices ni jerarquías, defendido por Leucipo y Demócrito (a los cuales dedicaría Marx su Tesis doctoral)

Antes de escribir “La República”, Platón, influido por los pitagóricos, se planteaba ya la cuestión de cómo seres sensibles y apegados a la materia como los seres humanos pueden acceder a ese “reino” de entidades ideales e inmateriales. Para ello defiende, como hace en “Fedón”, la existencia de una dualidad en cada uno de nosotros: de un lado encontraríamos el cuerpo, cuyo origen es la Naturaleza (“Physis”), el cual está irremediablemente vinculado al mundo sensible; por otro lado está el alma quien posee la facultad de la intuición o “nous”. ¿Cómo es posible llegar a conocer algo de lo que no se sabe nada en absoluto? Platón expone por boca de Sócrates la idea de la transmigración de las almas (que no debe confundirse con la doctrina oriental de la reencarnación, aunque pudiera haber sido influido por ella) El origen del alma no es la Naturaleza sino el mundo de los modelos ideales, estructurado por un orden matemático, del cual tuvo un conocimiento que se perdió “traumáticamente” cuando pasó a formar parte de un cuerpo. Las cosas de este mundo recuerdan en menor o mayor medida al alma esos modelos y, en función de la predisposición del alma al conocimiento, llegará o no a contemplarlos.

Las predisposiciones del alma humana proporcionan a Platón la estructura de clases sociales que necesita para defender un modelo político alternativo a la democracia.

El alma, por sí misma (al margen del cuerpo, tal y como es pensada en “Fedón”), no tiene más predisposición que adquirir el mayor conocimiento posible, pero al “contaminarse” en su contacto con el cuerpo adquiere otras dos predisposiciones: la ira (el coraje) y la concupiscencia (el deseo, que no debe confundirse con la voluntad libre). El equilibrio entre las tres tendencias (inteligencia, irascibilidad y concupiscencia) es imposible y siempre predomina una de ellas. Para Platón la mejor situación posible es el predominio de la inteligencia a la que compara con un auriga frente a las otras dos a las que compara –en una obra llamada “Fedro”- con dos caballos desbocados que cabalgan en direcciones opuestas. La virtud (hábito constituyente del individuo) del inteligente es la sabiduría; la del iracundo, la fortaleza y la del voluptuoso, la templanza ante los impulsos.


Pero el imposible equilibrio del alma humana sí puede ser posible en el Estado. Los ciudadanos deben dividirse en dos clases, y la superior de éstas subdividirse a su vez en dos, haciendo un total de tres. Los individuos que demuestren controlar sus pasiones serán quienes constituyan la clase dirigente y militar de entre los cuales gobernará un grupo selecto de “guardianes” (aquellos que alcancen la plena intuición intelectual de los modelos ideales gracias al dominio de ciertos conocimientos matemáticos) El resto queda fuera de la política activa pero entran a formar parte del tejido productivo (del que puede, por fin, excluirse la esclavitud) pero tienen derecho a formar familia y al usufructo de una propiedad privada proporcionada por el Estado, encargándose de producir los bienes materiales necesarios para el sostenimiento material del pueblo. Hombres y mujeres serán iguales y aspirarán a los mismos cargos. Las clases sociales de nacimiento tampoco importan sino que lo que determina la posición social y el poder que se llega a tener es la capacidad para recorrer el camino dialéctico en un sistema educativo público y obligatorio.